El Protocolo de una visita real: Una forma de acercamiento

al pueblo

 

The Protocol of a royal visit: A way to approach the people
 

Gloria Ballús Casóliva[1]

Investigadora independiente

gballus@hotmail.com

ORCID iD: https.//orcid.org/0000-0002-4666-5724

 

Recepción: 8/12/2024 Revisión: 20/03/2025 Aceptación: 31/03/2025 Publicación: 27/06/2025

 

DOI: https://doi.org/10.5944/eeii.vol.12.n.22.2025.43650

 

Resumen

En el año 1860, en unos momentos problemáticos para la corona, la reina Isabel II, con un amplio séquito, visitó Cataluña, además de las Islas Baleares y Aragón. Una de sus visitas, especialmente dedicada al pueblo catalán fue la del Monasterio de Montserrat, símbolo espiritual muy significativo para Cataluña.

En esta visita le acompañó el Batallón de Cazadores de Alba de Tormes, que había estado en la Campaña de África en ese mismo año.

En el recinto monacal estaban presentes los obispos de Tarragona, Vic, Tortosa, Seo de Urgel, Lérida y Gerona, la Comunidad benedictina del santuario y cabe resaltar la presencia de trescientos veinticinco alcaldes y numerosos voluntarios que acudieron para agasajar a la Reina. También visitó la “coveta”, donde la tradición indica que apareció la imagen negra de la Virgen de Montserrat.

Además, la Diputación de Barcelona organizó diversos espectáculos musicales –coros, danzas y un concierto con orquesta− y también fuegos artificiales. En las diversas reseñas, que de esta visita se escribieron, cabe resaltar las numerosas tiendas de campaña que se instalaron alrededor del santuario donde autoridades y voluntarios pasaron la noche.

Antes de despedirse, como último acto oficial, al pie del altar, la Reina pidió a la Virgen toda suerte para la nación española y acierto en sus actos de reina y de madre, y prosperidad y salud para toda la familia real.

Palabras claves: Reina Isabel II, Montserrat, festejos, actos lúdicos, coros, sardanas

 

Abstract:

In 1860, at a time of trouble for the crown, Queen Elizabeth II, with a large entourage, visited Catalonia, as well as the Balearic Islands and Aragon. One of his visits, especially dedicated to the Catalan people, was to the Monastery of Montserrat, a very significant spiritual symbol for Catalonia.

On this visit he was accompanied by the Alba de Tormes Hunters Battalion, which had been in the Africa Campaign that same year.

The bishops of Tarragona, Vic, Tortosa, Seo de Urgel, Lérida and Gerona, the Benedictine Community of the sanctuary were present in the monastic enclosure, and it is worth highlighting the presence of three hundred and twenty-five mayors and numerous volunteers who came to entertain the Queen. He also visited the “coveta”, where tradition indicates that the black image of the Virgin of Montserrat appeared.

In addition, the Barcelona Provincial Council organized various musical shows – choirs, dances and a concert with an orchestra – and also fireworks. In the various reviews that were written about this visit, it is worth highlighting the numerous tents that were installed around the sanctuary where authorities and volunteers spent the night.

Before saying goodbye, as the last official act, at the foot of the altar, the Queen asked the Virgin for all luck for the Spanish nation and success in her acts as queen and mother, and prosperity and health for the entire royal family.

Keywords: Queen Elizabeth II, Montserrat, celebrations, recreational events, choirs, sardanas
 

Sumario

1. INTRODUCCIÓN

2. PROTOCOLO DE LA VISITA

2.1.- Recibimiento

2.2.- Visita a la Cueva “coveta” donde se encontró la imagen de la Virgen

2.3.- De retorno al Santuario

2.4.- Los actos de la despedida

3. CONCLUSIONES

4. BIBLIOGRAFÍA

 

1. INTRODUCCIÓN

En la España del año 1860 ocurrieron diversos acontecimientos históricos importantes. No entraré en ellos por no ser la finalidad de este artículo; solo señalaré la guerra de África (22.10.1859-26.04.1860) −fruto de un ataque marroquí a la ciudad española de Ceuta, con un resultado victorioso para España− ya que en ella el general Prim[2] y el general O’Donnell[3], fueron unos de sus protagonistas que, a la vez, intervienen en el relato de la visita real que es el tema de este escrito.

Para situar al general Prim remarco que después de la firma de la Paz de Tetuán (26.04.1860), volvió a España donde fue aclamado durante su trayecto hasta Madrid. En setiembre, en una operación política y de prestigio muy calculada, llegó a Catalunya, entrando por la frontera francesa. Su recibimiento en Barcelona fue apoteósico y fue nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad, llegando posteriormente, a su tierra natal Reus (provincia de Tarragona), como un héroe. Como recompensa la reina Isabel II le otorgó el marquesado de los Castillejos con Grandeza de primera clase.

Una explicación detallada forma parte de la publicación del periodista Antonio Fajas y Ferrer[4]: Reseña de los festejos tributados a S.M. la Reina Doña Isabel II en su visita a Barcelona en Setiembre de 1860 precedidos de los que se dedicaron al valiente General Prim a su entrada triunfal en la misma. Dedicada al Excmo. Sr. D. Domingo Dulce, Capitán General de Cataluña.

En la portada de dicha reseña A. F. y F. [Antonio Fajas y Ferrer] indica que la escribió expresamente para el periódico La Prensa de La Habana (1861).

Como pórtico, y dedicado al capitán general Domingo Dulce[5], el periodista nos indica la finalidad de dicha reseña:

 

La venida de S. M. la Reina (Q. D. G.) a esta capital en setiembre último, es un acontecimiento memorable, porque se enlaza con el planteamiento de apreciables mejoras que Barcelona necesitaba, y que con sumo placer, ve hoy inauguradas.

La Reina de España, condesa de Barcelona, ha paseado nuestras calles con su augusto hijo en brazos; y ya a pie como a caballo, ha recibido nuestros sinceros y respetuosos obsequios, sin un soldado que custodiase su persona.

Vos, Excmo. Sr., que habéis dado ejemplo de esta merecida confianza que sabemos agradecer, sois sin duda alguna (así lo creemos) a quien se debe el amigable consorcio que existe entre la Reina de España y sus súbditos catalanes. Vos, a cuya presencia pasamos instantáneamente del estado de presión al de expansión, sois el merecedor de una manifestación que vaya unida al grato recuerdo de la visita con que S. M. acaba de honrar a Barcelona, que según Cervantes, es patria de los valientes y correspondencia grata de firmes amistades.

Dignaos pues admitir con vuestra acostumbrada benevolencia, la dedicatoria de esta publicación en esta capital, seguro de que entre las muchas faltas de que adolezca, no se notará en ellas por cierto, el sello de la lisonja que rebajaría vuestra dignidad y la de este vuestro atento y humilde servidor Q. B. L. M. de V. E.- Barcelona 24 de enero de 1861. (Fajas 1861:3).

 

En esta reseña, Fajas relata la visita que la reina Isabel II[6] hizo a las Islas Baleares, Cataluña y Aragón, en 1860, en unos momentos difíciles de su reinado, acompañada de dichos generales y del Capitán general de Cataluña, entre su séquito, como señal de acercamiento a las gentes.

Dado el gran número de pueblos y ciudades objeto de su visita, me centraré principalmente en la que realizó al Monasterio de Montserrat.

Le acompañaron en este viaje su cronista oficial, Antonio Flores Algovia[7], y el mencionado periodista Antonio Fajas y Ferrer (1883). También hizo una reseña Ramón Ripoll, secretario de redacción del periódico liberal La Corona[8], que también se hizo eco de la visita.

Antonio Flores también publicó su relato, en 1861, con el título Crónica del viaje de Sus Majestades y Altezas Reales a las Islas Baleares, Cataluña y Aragón en 1860.

Todo ello hace suponer que fue una visita con una especial significación política y también social, un acercamiento al pueblo en un lugar emblemático espiritualmente, lleno de simbolismo, que convocó a una gran asistencia.

Como dedicatoria, Antonio Flores empezaba su relato, diciendo:

A su Majestad la Reina Doña Isabel Segunda.

Señora:

No escribo el augusto nombre de V. M. en la primera página de este libro para venir a demandar el permiso de ofrecer a V. M. las restantes, porque siendo la persona de V. M. el asunto principal de la obra, pueblos de la Monarquía, que felizmente rige, los lugares en que han de pasar las escenas que narre, y súbditos fieles del trono de V. M. los personajes que en ellas figuren lo que yo daría a V. M. dedicándole este libro, serían los yerros que cometeré al relatar los sucesos, el desaliño con que habré de historiarlos y la falta de reducción con que me será forzoso exhibirlos. Seria en mí, por esta razón, demasiado atrevimiento el querer amparar con tan gran nombre tan pobre trabajo.

El nombre de V. M. es la primera palabra de este libro, porque jamás me hubiera atrevido a escribirlo si expresamente no me hubiese V. M. ordenado hacerlo.

Sirviendo a la inmediación de V. M. destinos de la mayor importancia, y mereciendo en su desempeño distinciones altísimas, he tenido el honor de acompañar a V.M. en su tránsito por las provincial de Albacete, Alicante, Valencia, Toledo, Valladolid, León, Asturias y Galicia, sin que jamás me hubiese atrevido a emprender un trabajo que es muy superior a mis fuerzas.

V. M., sin embargo, lo ha resuelto de diferente manera; y no contenta en su muchas bondad con las grandes mercedes que siempre me ha dispensado, ha querido honrarme una vez más nombrándole cronista del regio viaje que, en Setiembre y Octubre del año pasado, se dignó hacer a las islas Baleares, a Catalunya y Aragón, y a mí no me toca otra cosa sino acatar y cumplir el regio mandato.

Cierto es, Señora, que si antes de verificarse el viaje la empresa me pareció difícil, ahora que he visto el amoroso respeto con que han recibido a V. M. los fieles isleños, el entusiasmo y la grandeza con que han celebrado su llegada los industriosos catalanes, y el júbilo y la alegría de los leales aragoneses, la tendría por imposible, si esta palabra no estuviese divorciada de todas las órdenes que de V.M. emanan.

Por otra parte, los grandes escritores como los grandes artistas, se han de guardar para enaltecer y eternizar los sucesos de poca importancia, que sin el auxilio de una pluma galana o de un pincel atrevido quedarían sepultados en perpetua oscuridad. Los hechos grandes, los que por si propios arrojan luz suficiente para que su memoria no perezca nunca, cualquiera puede escribirlos y grabarlos; porque cuanto menos haga por levantarlos y enaltecerlos menos quilates perderán de su verdadera grandes.

Esta idea, que no se habrá escapado a la superior ilustración de V. M. al elegir mi tosca pluma para tan delicada empresa, es la que me anima a emprenderla; y lo hago invocando el augusto nombre de V. M., cuya importante vida ruedo a dios guarde y prospere muchos años.

Señora:

A L. R. P. de V. M. (Flores 1861: 5-6)

 

Además de las visitas a ciudades relevantes de la provincia de Barcelona, como Sabadell, Tarrasa, y Manresa, entre otras, ¿porqué visitó Montserrat?

Seguramente su principal motivo fue porque durante la Guerra de la Independencia, las tropas napoleónicas incendiaron dos veces el monasterio (1811 y 1812), que luego sufrió la desamortización de Mendizábal (1844) aunque pudo restablecerse, posteriormente, la vida monástica con la orden benedictina[9]; pero tampoco cabe desdeñar las numerosas autoridades, tanto civiles, militares como eclesiásticas que se congregaron en ella, concretamente todos los obispos de Cataluña y 325 alcaldes.

Creo que fue fruto de un muy bien pensado lugar, estratégico por estar ubicado en el centro de Catalunya, y también porque era un núcleo religioso de gran devoción a la virgen y con numerosos peregrinos. Fue, sin duda, una forma de acercamiento a las gentes de Cataluña. Y, por ello, se organizó una visita muy completa, tanto por la comitiva que acompañaba a la reina, como por los actos con los que la agasajaron.

El séquito real, por su parte, también era numeroso:  el rey consorte Francisco de Asís de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (1822-1902), el Príncipe y la Infanta, el General Leopoldo O’Donnell (1809-1867)[10], el General Juan Prim Prats (1814-1870)[11], el General Domingo Dulce y Garay (1808-1869)[12], diversos ministros y altos funcionarios de palacio.

Cabe resaltar especialmente la asistencia de Charles Clifford[13], fotógrafo oficial de la Reina, que, además, nos ha dejado diversas fotografías de las poblaciones donde visitó y especialmente de Montserrat. Gracias a ellas tenemos constancia gráfica de cómo era el monasterio y sus montañas en aquel tiempo, a la vez que ofrecen una primicia fotográfica, siendo unos de los pioneros en las artes gráficas en España.

 

2. PROTOCOLO DE LA VISITA

El día 30 de setiembre, la Reina y su séquito salieron de Barcelona, a las 10 de la mañana, con un tren especial de primera clase. Llegó con su séquito a la población de Monistrol de Montserrat, y en carruajes se dirigió al monasterio, a lo alto de la montaña, donde llegó a las tres de la tarde.

Entre las mejoras que había propiciado la reina Isabel II (1830-1904), encontramos precisamente la firma del Real Decreto que otorgaba la construcción de la línea férrea Barcelona-Zaragoza (RD 27.11.1852) y, uno de sus tramos de la línea de ferrocarril llegó a Manresa, desde Barcelona pasando por Terrassa y Monistrol de Montserrat, el 3 de julio de 1859. Así pues, casi estrenó el trayecto ferroviario.

Durante el recorrido hasta el monasterio estuvo escoltada por cuatro guardias civiles a caballo y un grupo de voluntarios que seguían a pie el coche de S. M. con ramos de boj en la mano y gritando vivas a la reina, y también la Charanga del Batallón de Cazadores Alba de Tormes que había estado en la campaña de Africa (1859-1860) que, al llegar a la plaza del monasterio, interpretó la Marcha Real[14].

2.1.- Recibimiento

Recibieron a la Reina todos los obispos de Cataluña: Tarragona, Vic, Tortosa, Seo de Urgel, Lérida y Gerona, con la comunidad benedictina de monjes del monasterio y la Escolanía, juntamente con representantes de la Diputación provincial de Barcelona.

El arzobispo de Tarragona, Monseñor José Domingo Costa y Borrás[15], le dio a adorar el Lignum crucis. Al entrar en la iglesia del monasterio, el órgano tocó la Marcha Real, siguió el canto del Te Deum Laudamus, de Hilarión Eslava[16], con cincuenta voces y unos cien instrumentos. Según las reseñas “aquel  canto parecía el canto de los ángeles y aquella luz la luz de la gloria. […] En un contexto inefable, que tenía algo de extraordinario y de sublime algo que todos sentían pero que nadie podía explicarse”. Allí también estuvieron presentes, además de su séquito, las autoridades y los trescientos veinticinco alcaldes.

Después del canto de la Salve por la Escolanía[17], la Reina fue al camarín de la Virgen de Montserrat[18], y respetuosamente le ofreció una joya de gran valor.

Después de descansar brevemente en la celda abacial, que sirvió de alojamiento a la Reina y a su esposo, salieron para visitar la Cueva de la Virgen “la coveta”, lugar que la tradición sitúa donde se encontró la imagen de la virgen negra, conocida popularmente como La Moreneta”[19].

 

2.2.- Visita a la Cueva “coveta” donde se encontró la imagen de la Virgen de Montserrat

El recorrido para llegar a la coveta es de unos dos kilómetros de camino estrecho y escarbado en la roca, que serpentea la montaña. A pesar de ofrecerle una lujosa litera, fue a pie con la comitiva: el Rey, el Príncipe y la Infanta, los generales Juan Prim, Leopoldo O’Donnell, Domingo Dulce y los ministros.

Mientras hacían el recorrido entre la roca y los profundos abismo de la montaña, quedaron gratamente sorprendidos cuando oyeron unas voces armoniosas. Era un coro de hombres, sin instrumentos, que cantaban Les Flors de Maig [Las flores de mayo], obra vocal de José Anselmo Clavé[20] que les dirigía. También interpretaron La queixa d’amor [La queja de amor], dos de sus composiciones relevantes.

Clavé tuvo la feliz idea de colocar entre los peñascos de la montaña a los hombres que formaban su coro produciendo un efecto acústico espléndido. La Reina agradeció y felicitó a Clavé por sus cantos.

Según la reseña de Fajas, el general Prim estaba visiblemente conmovido por la manifestación musical percibida, reconociendo en ellos al alma sensible de su pueblo.

La Cueva fue destruida por las tropas napoleónicas (1811), y gracias a los técnicos de la Diputación de Barcelona, fue reconstruida. El arquitecto director de la obra mostró a la Reina los planos de la capilla restaurada y el proyecto de decoración que se quería realizar.

En el largo regreso al santuario (más de una hora), la Reina aceptando un sillon que portaban mozos de escuadra estuvo acompañada de “vivas” a su persona, que repetían los voluntarios y las gentes que se habían congregado entre las rocas.

La Diputación de Barcelona, en su organización, había preparado que, en esos momentos de poca luz en el camino, se encendieran antorchas para alumbrarlo, y también hogueras en distintas montañas catalanas: Montseny, Tibidabo, Sant Llorenç del Munt, etc,. para acompañar la real visita, y hacer participar a todos los pueblos de la real visita, y acabó con fuegos de bengala que aparecían entre las rocas montserratinas. También diversas antorchas y fuegos de bengala aparecieron en diversos puntos de la montaña dando la imagen de un paisaje sublime.

 

2.3.- De retorno al Santuario

De retorno, ya completamente de noche, Antonio Fajas resalta la presencia de un grupo de castellers[21] Els Xiquets, de la población de Valls (provincia de Tarragona), que bailaron sus danzas y junto a voluntarios, tomaron antorchas para alumbrar el camino de regreso.

A su llegada a la explanada del monasterio, los Reyes fueron recibidos con diversos bailes típicos catalanes: Ball de bastons[22], por un grupo de diez bastoners, de Vacarisas y La Moixiganga, por un grupo de Igualada −dos ciudades cercanas a Montserrat−, y otras danzas bailadas por un grupo de veinticuatro personas de Sabadell, que había organizado directamente el diputado Feliu Villarubias  y su hermano Pau, para agasajar a la Reina.

Después de las actuaciones, cenaron[23] con los generales, ministros, los diputados de la Diputación Provincial –un total de doscientas personas− y los trescientos veinticinco alcaldes, además de los obispos, la comunidad monacal y el confesor de S. M. el sacerdote D. Hermenegildo Coll de Valldemia.

En el exterior, con numerosos hachones de cera que daban luz, la Charanga del Batallón de Cazadores amenizó la cena con  diversas interpretaciones.

Antes del merecido descanso, tuvo lugar una gran serenata instrumental y vocal con el coro de Clavé, que interpretó diversas obras: A Montserrat, Lo somni d’una Verge y Los nets dels Almogavers, del propio Clavé, que tenían un gran éxito; y también participo la orquesta de José M. Moliné[24] con diversas obras.

Seguidamente fueron obsequiados con un ramillete de fuegos artificiales que “quemaron”, con sus luces de colores, la montaña y sus resplandores dejaban ver sus profundos abismos, y los ecos de los cohetes resonaban numerosas veces.

Se retiraron a descansar con repetidas voces de Viva Isabel II, por los asistentes que se quedaron en tiendas de campaña esparcidas en los alrededores del santuario.

 

2.4.- Los actos de la despedida

El día comenzó a las ocho y media con una solemne Misa de pontifical, presidida por el obispo de Vic, Monseñor Joan-Josep Castanyer Ribas[25]. Se interpretó la misa de Nicolau Manent[26], a voces con orquesta. El sermón lo pronunció el confesor de la reina D. Hermenegildo Coll de Valldemia[27], de forma elocuente.

Sermón publicado, en el mismo año 1860, con el título Oración que, en la función religiosa celebrada en Montserrat el día 1º de octubre de 1860 con motivo de la visita que hizo a aquel santuario S.M. Isabel II con su regio esposo y real familia dijo el Pbro. Dr. D. Hermenegildo Coll de Valdemia, predicador de S. M. y director de su Colegio en Mataró, Barcelona, Establecimiento tipográfico de Narciso Ramírez, impresor de Cámara de S. M.

De dicho sermón destaco los siguientes fragmentos:

Este grande acto de piedad es la corona de los obsequios que con tanto entusiasmo como justicia os ha tributado y os tributa la lealtad de mi país. Ved ahí porque Montserrat se ostenta hoy tan grande como su pasado y tan brillante como su nombre, ¡Plegue a Dios bendecir este acto solemnísimo, para que presagie mayor brillo y mayor grandeza en lo porvenir!! ¡plegue a Dios conservar viva la fe católica de este territorio, que transforma este deseo en esperanza! […]

[…] ¡Cuánta satisfacción pues y cuanta gloria para este asilo del glorioso e ilustre S. Benito y para Cataluña toda, al contemplaros a vos, Reina de las Españas, arrobada aquí ante su predilecta Imagen de María y rodeada de los agasajos de la Religión y de la Grandeza y del Pueblo. […] Espectáculo es este, que levanta los espíritus a la consideración de Dios, promulgador y padre de la Religión, autor de toda grandeza y árbitro de los pueblos. Sí, porque uniendo a este magnífico cuadro la pompa y grandeza del sitio, hallamos que Dios casi nos habla, como a Moisés en el Sinaí.

[…] Vos, Señora, os humilláis y adoráis, y por lo tanto seguís el camino de la grandeza verdadera, viniendo a este sagrado monte como Reina y como Madre a ofrecer a la primera de todas las Reinas y a la más católica de este territorio, que transforma este deseo en esperanza! (Coll de Valdemia 1860: 3-5)

[…] El mismo Dios ha dado pie y fuerza a este juicio, con haber realizado en montes célebres los actos más solemnes de nuestra Religión. En efecto, el Sinaí, monte de la Ley, el Tabor, monte de la gloria, y el Calvario, monte de la Redención, los tres grandes faros del mundo civilizado, elévanse a la vista del humano tierna de todas las madres el don precioso que habéis recibido de lo alto en vuestra regia estirpe, y particularmente en vuestro augusto hijo, el Príncipe de Asturias, esperanza de la patria. Habéis venido guiada por vuestra devoción filial al monte de la hija de Sion, que es la hermosura del cielo y la esperanza de la tierra. Esta montaña, pues, de si tan gloriosa adquiere hoy un nuevo realce, que agradece bien toda Cataluña, con ese rasgo de piedad que no deja de reanimar la fe harto caída. (Coll de Valdemia 1860: 7)

[…] Por fortuna la gloria de vuestro reinado lisonjea todos los corazones, pues ven que la nación marcha al vapor a las mejoras materiales. Donde quiera vuestro augusto nombre preconiza monumentos duraderos, reformas útiles y obras ciclópeas de ferrocarriles, telégrafos, canales, vías públicas, puentes, faros, alumbrados de gas, mejoramiento de puertos, acrecentamiento de la marina, perfeccionamiento del ejército, alianzas y tratados honrosos con los gabinetes del mundo, epopeyas tan cabales como la de Marruecos, embajadas de paz obligadas por el heroísmo español, nuevas leyes, nueva instrucción pública, nuevo espíritu, nuevo movimiento y nueva grandeza, que enaltecen la dignidad nacional y su alta gloria, en una palabra, la resurrección de la España de Isabel I de Castilla! Magnífico es esto, Señora; pero bien conocéis que esto no basta, porque el día que Dios, moviendo los resortes de la lealtad española, os dijo: reina sobre esta gran nación, añadió: reina por mí para el bienestar religioso, moral y social de tu pueblo; que el reinado exclusivo de la materia como el de Babilonia se hunde bajos sus ruinas; el fundamento de todo poder que ha de durar, brillar, vencer, triunfar y hacer el bien es la práctica de la doctrina de J. C. porque es la única que resuelve el problema difícil de gobernar y ser gobernado. (Coll de Valdemia 1860: 22).

Señora: me complazco en publicar a la faz de mi país que la voz de los desgraciados y de los pobres y de los menesterosos dice que conocéis bien este camino trazado por la Verdad eterna; y los actos de vuestra devoción y los rasgos de piedad lo ponen de manifiesto, del mismo modo que hoy lo proclama este sagrado monte honrado con vuestra real presencia. ¡Oh, la Reina de España al pie del trono de María, nuevo vigor para la piedad pública; la Reina de España en Montserrat, gloria para Cataluña! ¡Cuánto os agradece mi pueblo tan alta fineza! Cataluña representada aquí por su Episcopado, cuyas virtudes, celo y prudentísimo saber constituyen una de las glorias de la Iglesia santa, presentada por todas sus clases, jerarquías, co4rporaciones y autoridades, os ofrece, Señora, el testimonio sincero de su profundo reconocimiento a tan insigne honor. En lo íntimo de su corazón pide, pues sois el objeto privilegiado de su respeto, de su veneración, de su amor y hasta de su esperanza, pide al cielo derrame sobre vos, sobre vuestro regio Esposo y sobre vuestra Real familia toda suerte de prosperidades, a fin de que Vos, Señora, que sois la representación moral y política del país, llevéis siempre la corona de Berenguela y de Isabel I, tributo de los pueblos agradecidos. […] (Coll de Valdemia 1860: 24).

 

Antonio Flores en su reseña sobre el sermón anotó:

A pesar de las cortas dimensiones del discurso, el predicador catalán enumeró los principales sucesos acaecidos en Monserrat, después de haber demostrado que los tres grandes faros del mundo civilizado, las fuentes de la moralidad, de la esperanza y del amor, eran el Sinaí, monte de la Ley; el Tabor, monte de la Gloria; y el Calvario, monte de la Redención. Al hombre, decía el Sr. Valldemia, por su innato deseo de subir a la Patria inmortal, le ha parecido siempre que los altos lugares, como que generalmente están lejos del bullicio de las gentes, se aproximan a la morada de Dios, y que los altares propios para quemar en ellos el incienso de su fe, de su devoción y de su piedad son las montañas.

Los Reyes, cuya atención, como la de todo aquel escogido auditorio, cautivó la elocuente palabra del orador sagrado, mandaron que se imprimiera a sus expensas el sermón, y dirigieron frases de bondadoso aprecio al Sr. Coll de Valldemia. (Flores 1861: 276).

 

Terminada la misa, la Real familia en la celda abacial recibió a los trescientos veinticinco Alcaldes, “vestidos con el traje usual y característico de cada una de las distintas localidades que representaban” (Flores 1861: 276), tuvo lugar el besamanos con los Reyes y los Principies, una respetuosa ceremonia que llenó de curiosidad a los que las presenciaron.

A continuación el Cabildo del santuario obsequió a la Reino con diversas medallas y cruces de veneración a la Virgen; y con la despedida, la Escolanía volvió a entonar una Salve.

Como actos lúdicos de despedida, que ofreció la Diputación Provincial en la explanada del santuario, la Reina aún pudo disfrutar de diversos bailes, entre ellos el Ball rodó, y sardanas interpretadas por la cobla de Pep Ventura[28], con los instrumentos propios de la cobla, con una grupo de 15 parejas de sardanistas. También estaba presente el diputado provincial  Feliu Vilarrubias y Busquets[29], su hermano Pau, y Miquel Pardàs Roure[30], autor del primer método para bailar sardanas, y su hijo José Pardàs Roig.

Para terminar la memorable visita, se aproximó a la Reina un joven caballero, que respetuosamente pidió que se detuviera el carruaje, solicitando poder dirigirle unas palabras. Se trataba del señor Antonio de Bofarull y Brocá[31], quien con buena voz, dijo:

Catalanes: La magnánima Reina de las España lleva ceñidas en sus augustas sienes dos coronas tan antiguas como gloriosas: la corona de Castilla y la de Aragón.

Así como en Castilla el heredero de la corona se apellida Príncipe de Asturias, el de Aragón de apellidaba Príncipe de Gerona y Duque de Montblanc.

Los tiempos injustos han olvidado este ilustre título, la civilización exige la conservación de este recuerdo; la gratitud lo reclama; exígelo también el amor de la Reina a su pueblo, y el amor del pueblo a su Reina; ningún lugar más a propósito que esto para recordarlo. Catalanes: Viva el Príncipe de Gerona!

 

Las palabras de Bofarull conmovieron a la Reina, la cual se mostró muy agradecida.  Luego, la comitiva real prosiguió el camino hacia Monistrol, por la nueva carretera que había sido construida a expensas de la compañía del Ferrocarril. Durante su trayecto pudo percibir las magníficas vistas y la grandeza de la montaña de Montserrat.

 

3. CONCLUSIONES

Este artículo pretende mostrar el desarrollo de una visita real muy completa y bien articulada, si nos atenemos a las múltiples y diferentes acciones realizadas, y a las tres espléndidas reseñas publicadas.

Estas reseñas, a su vez, muestran también la relación de aquel momento de la monarquía con el pueblo. Tanto Antonio Flores como Antonio Fajas tienen un vocabulario exquisito que nos muestra el protocolo literario, con su forma de escribir a la soberana y de dirigirse a ella. Des de la humildad, desde una pluma poco brillante –como ellos mismos manifiestan− pero con el honor que para ellos representaba que se les hubiera “ordenado” escribirlas.

Así, ofrecen una explicación detallada de los hechos y, aunque cada uno lo manifiesta con su forma de escribir, se complementan perfectamente, dando así una visión más social de la visita real. Por ejemplo los dos manifiestan que al entrar en la basílica se dedicó a la comitiva un Te Deum laudamus en acción de gracias, y uno de ellos indica que es del músico y compositor Hilarión Eslava, precisando así la información. Creo que fue hecho expresamente con la intención de remarcar que precisamente este músico era el maestro de música de la Capilla Real de Madrid (desde 1844, hasta su muerte en 1878), por tanto era el qué conducía toda la música que se hacía en palacio.

Siguiendo con los relatos publicados, la crónica de Ramon Ripoll, secretario del periódico La Corona, que también siguió la visita, mostró a la población catalana lo que era una visita oficial de los reyes, en el siglo xix, con un importante séquito, a un monasterio especialmente emblemático, que presidia la Moreneta, patrona de todos los catalanes.

Otro punto a significar es la organización que corrió a cargo de la Diputación Provincial de Barcelona y, como el secretario de la Diputación Manuel Duran i Bas, desarrollando un acto protocolario, tuvo la visión de incluir, además de las autoridades religiosas y monásticas, a los trecientos veinticinco alcaldes. De esta manera, se llegaba prácticamente a todas las clases sociales. Según documentación que hemos podido examinar, por la actuación de los coros de Clavé y la orquesta cobró 34.870 reales; y Ventura 9.000 reales por la cobla y las 15 parejas mixtas de sardanistas.

Ofreciendo, además, diversos actos lúdicos, para mostrar los elementos culturales de Cataluña. Por ello, cabe destacar la participación del coro y orquesta en la de Nicolau Manent, de José Anselmo Clavé y su coro de hombres, de la orquesta de José M.  Moliné con la serenata que ofrecieron, y con el toque folklorista de Josep M. Ventura con la cobla y los sardanistas, además de los castellers, los bastoners, las sardanas y otras danzas propias de Cataluña, y la participación de una obra de Eslava, músico de la propia corte isabelina, y los fuegos artificiales.

Realmente tampoco faltó los actos que realmente forman parte del protocolo más estricto de las visitas reales: en el tema religioso besar el Lignum crucis, en manos del Arzobispo de Tarragona, y en el político el besamanos de los numerosos alcaldes que estuvieron presentes.

También debo hacer hincapié en las personalidades que acompañaban a la Reina, y por las personalidades que la recibieron.

Finalmente también debo remarcar toda la estratégica organización con voluntarios y el pueblo, algunos que pernoctaron en la población cercana de Monistrol de Montserrat, y otros con numerosas tiendas de campaña en la explanada del mismo santuario. Todos para poder estar presentes en la mañana del segundo día.

Creo que se trata de una visita realmente protocolaria por las personalidades asistentes y los rituales religiosos que tuvieron lugar, y también por la significación de una Reina con sus súbditos, que la aclamaron y acompañaron en toda su estancia en Montserrat.

Por todo ello, y con las reseñas tan magníficamente relatadas en los momentos difíciles que pasaba la monarquía de la reina Isabel II, fue una verdaderamente visita de acercamiento al pueblo, que en el lenguaje actual consideraríamos como un ejemplo muy bien estudiado, preparado y ejecutado de márquetin positivo, ya que tuvo una constatación de que todos los sectores ciudadanos la siguieron en su visita al monasterio y también durante su estancia en Barcelona y ciudades catalanas.

 

4. BIBLIOGRAFIA

Coll de Valdemia, Hermenegildo (1860): Oración que en la función religiosa celebrada en Montserrat el dia 1º Octubre de 1860 con motivo de la visita que hizo a aquel santuario S. M. Isabel II con su regio esposo y real familia dijo el Pbro. Dr. D. Hermenegildo Coll de Valdemia, predicador de S.M. y director de su colegio en Mataró. Barcelona, establecimiento tipográfico de Narciso Ramírez.

Fajas y Ferrer, Antonio (1861): Reseña de los festejos tributados a S.M. la Reina Doña Isabel II, en su visita a Barcelona en Setiembre de 1860. Precedidos de los que se dedicaron al valiente General Prim a su entrada triunfal en la misma. Dedicada al Excmo. Sr. D. Domingo Dulce, Capitán General de Cataluña. Barcelona, Librería de El Plus Ultra.

Flores Algovia, Antonio (1861): Crónica del viaje de Sus Majestades y Altezas Reales a las Islas Baleares, Cataluña y Aragón en 1860, escrita de orden de su Majestad la Reina por D. Antonio Flores. Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra.

La Corona, periódico liberal (01.10.1860 y 02.10.1860).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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[1] Técnica de Administración Local (nivel A), por oposición en el Ayuntamiento de Manresa (1971), y jefe de Protocolo y Relaciones Públicas (1987-2015). Musicalmente, profesora superior de Piano y de Pedagogía musical y doctora en Musicología (UAB 2004). Ha participado en los congresos internacionales de protocolo de la UNED, y con numerosos artículos y publicaciones de musicología y en la Revista Estudios Institucionales. Profesor colaborador de los cursos de Protocolo de la Escola d'Administració Pública de Catalunya, en la asignatura: Tipologia de los actos oficiales en la Administració Local (1999-2000), y con el Premio Nacional de Protocolo i Relaciones Institucionales (2014) y Maestro de Protocolo i Relacions Institucionales (2016), otorgado por ACPRI. Es miembro de la Asociación Española de Protocolo (AEP) y de l’Associació Catalana de Protocol i Relacions Institucionals (ACPRI) (desde 2007).

[2] Juan Prim Prats (1814-1870) fue el primer titular del marquesado de los Castillejos, por concesión de la Reina (19.03.1869). Fue presidente del Consejo de Ministros y ministro de Guerra (1868-1870). Estuvo en la Batalla de los Castillejos, la primera guerra carlista, la guerra de África y la batalla de Tetuán. Entre sus condecoraciones destaca la Gran Cruz Laureada de San Fernando y la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, y en 1860 le concedieron el título de Hijo Adoptivo de Barcelona.

 

[3] Leopoldo O'Donnell y Jorís (1809-1867) fue el primer titular del ducado de Tetuán, por concesión de la reina Isabel II (27.04.1860). fundó el Partido liberal en el que se integró Prim (1858).

 

[4] Antonio Fajas y Ferrer (†Barcelona, 10 de Julio de 1883), fue colaborador del periódico barcelonés La Crónica de Cataluña, director durante años del “LLoyd Catalán” y corresponsal de la prensa cubana.

[5] Domingo Dulce y Garay (1808-1869), marqués de Castell-Florite, por concesión de la Reina, fue capitán general de Catalunya (1854-1855 y 1858-1862) y después de Cuba (1862-1866).

 

[6] María Isabel Luisa de Borbón y Borbón (1830-1904), que reinó entre 1833-1868.

[7] Antonio Flores Algovia (1818-1865), escritor y periodista y cronista oficial de S.M.

[8] La Corona, diario barcelonés fundado el 1857.

[9] La basílica de Montserrat se comenzó a construir en el siglo xvi y fue totalmente reconstruida en el año 1811. Posteriormente, en 1881, el papa León xiii le otorgó la condición de basílica menor y proclamó a la Virgen de Montserrat como patrona de Cataluña, celebrando su conmemoración propia el 27 de abril.

[10] Leopoldo O'Donnell y Jorís (1809-1867) fue el primer titular del ducado de Tetuán, por concesión de la reina Isabel II (27.04.1860).

 

[11] Juan Prim Prats (1814-1870) fue el primer titular del marquesado de los Castillejos, por concesión de la Reina (19.03.1869). Fue presidente del Consejo de Ministros y ministro de Guerra (1868-1870). Estuvo en la Batalla de los Castillejos, la primera guerra carlista, la guerra de África y la batalla de Tetuán. Entre sus condecoraciones destaca la Gran Cruz Laureada de San Fernando y la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, y en 1860 le concedieron el título de Hijo Adoptivo de Barcelona.

 

[12] Domingo Dulce y Garay (1808-1869), marqués de Castell-Florite, por concesión de la Reina, fue capitán general de Catalunya (1854-1855 y 1858-1862) y después de Cuba (1862-1866).

 

[13] El fotógrafo galés Charles Clifford (†1863) desarrolló su carrera profesional en España, siendo uno de los pioneros en plasmar pueblos, ciudades y edificios en imágenes.

[14] La Marcha Real es el himno nacional de España, desde el siglo XVIII (con algunas excepciones).

[15] José Domingo Costa y Borrás (*1805;+1864), doctor por la universidad de Valencia. Fue nombrado arzobispo de Tarragona (1858) y Senador y prelado asistente al Solio Pontificio (cargo antiguo y honorífico para que acompañase al Papa en la Corte Pontificia). Aunque respetó las instituciones monárquicas continuó su oposición al liberalismo, defendiendo las inmunidades eclesiásticas. Obtuvo numerosas distinciones: Primado de las Españas, caballero de la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden española de Carlos III y miembro del Consejo de Su Majestad.

 

[16] Miguel Hilarión Eslava Elizondo (1807-1878) sacerdote, compositor y musicólogo, y gran defensor de la ópera española. Fue maestro de Capilla de la catedral de Burgo de Osma (1828), y en 1844 por oposición se convierte en el maestro de la capilla de la Capilla Real de Madrid, que ocupó hasta su fallecimiento y maestro de música de Su Majestad la Reina. Desde 1866 fue profesor de composición en el Real Conservatorio de Música de Madrid.

[17] La Escolanía es una escuela de música y uno de los coros de niños más antiguos de Europa, por documentos del siglo xiv, que son testimonio de su existencia como institución religiosa y musical. Saldoni, Baltasar (1856): Reseña histórica de la Escolanía o colegio de música de la Virgen de Montserrat en Catalunya, desde 1456 hasta hoy día; con un catálogo de algunos de los maestros que ha habido, y de varios alumnos aventajados que de él han salido, ya eclesiásticos, ya nobles, ya también de los que más se han distinguido en la música. Madrid, Imprenta de Repullés.

 

[18] La imagen es una talla románica del siglo xii, de madera de álamo. Representa a la Virgen que sostiene en su mano derecha una esfera que simboliza el universo, con el niño Jesús en su regazo. El Niño en su mano derecha hace la señal de bendición y en la izquierda sostiene una piña.

[19] Según la tradición, la primera imagen de la Virgen de Montserrat la encontraron unos niños pastores en el año 880, en el interior de una cueva donde resplandecía una luz. A pesar de querer trasladar la imagen, fue imposible por su peso, y el obispo ordenó que se construyera una ermita de Santa María en el lugar donde se encontró, dando lugar, posteriormente al actual monasterio. El papa León xiii la declaró oficialmente como patrona de las diócesis de Cataluña (18.09.1881), y su festividad se celebra el 27 de abril, aunque también el 8 de setiembre fiesta de la natividad de la virgen como virgen encontrada.

[20] Jose Anselmo Clavé Camps (1824-1874), fue poeta, político, compositor, director de música, fundador del movimiento coral en España y promotor cultural, con una personalidad fuerte dominada por dos preocupaciones: la social i la pedagógica. En 1864, expuso sus ideas: Los fines primordiales de la institución es despertar sentimientos de amor y admiración hacia lo grande, lo bello y estrechar los vínculos de fraternidad entre todas las clases sociales. Con el lema progreso, virtud y amor nacieron multitud de sociedades corales, denominadas “coros de Clavé”. Fundó una primera sociedad musical L'Aurora, que era también una orquestina con flautas, guitarras, mandolinas y bandurrias, para llevar la música a las clases más humildes (1845) y en 1850 La Fraternitat, primera sociedad coral de España con cuarenta hombre. Políticamente fue diputado en las Cortes durante la Primera República y presidente de la Diputación Provincial de Barcelona (1871).

[21] Los castellers son las persones de todas las edades que forman una torre humana de diversos pisos, con un vestuario característico, tradicionalmente por las fiestas de Cataluña, declarados Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la Unesco (desde 16.11.2010). Mientras sube la torre humana, una melodía característica con grallas o dolçaines [instrumentos aerófonos de lengüeta de doble caña] les acompaña hasta llegar a la cima El primer castell (de seis pisos) documentado es de 1770 en la población de L’Arboç (provincia de Tarragona).

[22] Baile popular catalán que sus danzantes, con un vestuario característico, golpean al ritmo de diversas melodías los bastones. Algunos llevan además unos cascabeles en las piernas que hacen sonar.

[23] La cena fue a base de pescados frescos, frutas y quesos, servido con vino, La mantelería costó 14.000 francos y la vajilla 15.000 duros.

[24] José M. Moliné (1819-1883) director de orquesta, compositor y violinista. Como intérprete formó parte de la orquesta del Gran Teatro de Marsella, de los teatros Tacón y Principal de La Habana y la Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia. De regreso a Barcelona dirigió la orquesta del Teatro Nuevo y formó parte de la del Gran Teatro del Liceo, como violinista y director de óperas.

[25] Joan-Josep Castanyer Ribas (1806-1865) licenciado en Teología por la Universidad de Cervera (1832). Fue senador y prelado asistente al Solio Pontificio, y obispo de Vic (1857).

 

[26] Nicolau Manent y Maurant (1827-1887), organista, maestro de capilla y compositor principalmente de zarzuelas. Obtuvo la plaza de contrabajo en la orquesta del Gran Teatro del Liceo de Barcelona (1847), y en 1851 fue nombrado maestro de capilla de la parroquia de San Jaime, que ocupó hasta su muerte.

[27] Hermenegildo Coll de Valldemia y Grau (1819-1876). Aunque su nombre era Simón, al entrar a la orden Escolapia (1826) cambió por Hermenegildo. Fundó el colegio Valldemia de Mataró. Fue miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (1853) y nombrado Predicador Supernumerario de la reina Isabel II (1858).

[28] José M. Ventura Casas (1817-1875), conocido popularmente como “Pep Ventura”, además de compositor prolífico de valses, mazurcas, polcas, rigodones, etc. fue virtuoso de diversos instrumentos, como el flabiol, la flauta, el clarinete y la tenora. Consolidó la formación actual de la cobla y la sardana.

[29] Feliu Vilarrubias y Busquets (1812-1884), diputado de la Diputación provincial de Barcelona (1860-1984) y Alcalde de Sabadell (1867-1868).

 

[30] Miquel Pardàs Roure (1818-1872) teórico musical que estableció la coreografía de la sardana, estableciendo sus normas. Es el autor del primer Método per apendrer a ballar sardanes llargues per Miquel Pardas de Torroella de Montgrí. Figueres, imprenta Jaume Bosch, 1850.

 

[31] Antonio de Bofarull y Brocá (1821-1892), historiador, arqueólogo, filósofo, novelista y poeta. Precisamente en este mismo año 1860 edito el texto original y la traducción castellana de la Crónica de Ramon Muntaner.